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Viaje a las islas II

Filed in Andrea | Posted by Andrea on septiembre 22, 2018

Viaje a las islas II

Un paseo por la playa de acceso directo desde el hotel, un pequeño tentempié y volvieron a su habitación. Alguna cosa se temió Sebastián cuando Andrea estuvo un rato cuchicheando con el recepcionista. Pero no, seguro que no, el recepcionista parecía bastante amanerado, no debía temer nada por ese lado.

Comenzaron una nueva sesión de sexo, esta vez con Sebastián sentado en una silla, desnudo y con las manos esposadas en la espalda. Si de natural le costaba pensar en estas situaciones, con esta parafernalia no lo lograba en absoluto.

– Sebastián, guapo, no te veo centrado en que me excite- le decía Andrea mientras comenzaba a quitarse la ropa frente a él, al ritmo de la música que surgía de su teléfono móvil. Aquello debía estar ensayado, era imposible tanta perfección con las prendas y la música… Sebastián tenía la verga inflamada de forma casi dolorosa, y Andrea seguía allí contorsionándose al ritmo de la música, acercándose, besándole, chupándole e, incluso, mordiéndole el pezón.

Sebastián comenzó a llamarla “putilla”, “pendón”, “zorrilla” y otras lindezas por el estilo. Pero ella parecía sorda a sus insinuaciones y continuaba, ahora ya totalmente desnuda, bailando a su alrededor, tocándole, lamíendole o incluso, a veces, follándole sobre la silla.

Resultado de todo aquello fue una nueva eyaculación con destino al techo de la habitación, que manchó todo aquello que tocaba, y una nueva carcajada de Andrea.

– Me temo que no estás en condiciones de inaugurar nada-. Dos a cero a favor de Andrea.

Tras una refrescante ducha volvieron al restaurante para reponer fuerzas. Sebastián no vio a Andrea guiñarle el ojo al recepcionista. Si lo hubiera hecho habría entrado en un estado de celos superior, pero la falta de sangre en su cerebro que habían producido los dos asaltos anteriores no le dejaba pensar más allá que en seguir follando.

Así que subieron a la habitación y Sebastián, seguro de si mismo y de su inteligencia superior, puso la música, desnudó con cuidado a Andrea y, arrojándola sobre la cama, esposo sus dos brazos por su espalda.

Si hubiera sido más cuidadoso se hubiera dado cuenta que Andrea nunca opuso gran resistencia. Tal vez creyó que, por fin, la tenía convencida.

Sonaba música en el reproductor del teléfono, Sebastián se desnudó mientras miraba a Andrea, espléndida en su desnudez, que con cara inocente parecía levemente asustada mientras se retorcía por la cama. Sebastián parecía un verraco en otoño y todo indicaba que la iba a embestir hasta que ella pidiera clemencia, en venganza por lo anterior. Y sí, ella pidió ayuda mientras Sebastián se abalanzaba sobre ella.

¡Pom, pom, pom! -¡Abra inmediatamente, policía! Sonó estruendosamente en la puerta de la habitación.

A Sebastián se le arrugo de forma inmediata. Fue a la puerta y allí, junto al recepcionista homosexual estaban dos maromos uniformados de policía local.

-¿qué está ocurriendo aquí?- preguntó el primero – se han escuchado gritos de mujer pidiendo ayuda- remachó el segundo.

Los policías y el recepcionista entraron, vieron a Andrea desnuda y atada sobre la cama y, sin dudar, sentaron en una silla a Sebastián y le esposaron al respaldo.

-¡Puedo explicarlo!- farfullaba con escaso éxito Sebastián. Los policías soltaron a Andrea mientras la música seguía sonando y, como sin querer, comenzaron a moverse los tres al son de la misma.

Hasta el recepcionista comenzó a bailar con aquella música. Los policías empezaron por quitarse las gorras, luego la camisa y, por fin, los pantalones, todo al compás de la música. Aquello no era la primera vez que lo hacían. El recepcionista se arrancó el traje de un solo tirón.

Sebastián miraba atónito la escena: tres maromos desnudos al son de la música, junto a Andrea bailando y él sentado y atado en una silla contemplándolos.

Andrea se acerco a su oído y le susurró, mientras le hacía una paja que hizo que Sebastián se corriera de nuevo – Sebastián, querido, si quieres follar más tendrás que pensar más- y con una carcajada le dejó allí atado para continuar bailando. Tres a cero a favor de Andrea.

Evidentemente en este viaje Sebastián no ha logrado lo que quería. Ha vuelto agotado, eso sí, con rozaduras en el miembro de tanto uso, pero el orto de Andrea queda reservado para otro momento u otra persona con cerebro más dispuesto.

Moraleja: A todo hay quien gane. Y si se trata de ellas, siempre lo hacen.

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