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Andrea vuelve al cole

Una experiencia universitaria

Filed in Andrea | Posted by Andrea on diciembre 11, 2017

Andrea vuelve al cole

Este verano Andrea ha decidido volver al cole; bueno, mejor a la universidad, que no tiene edad de parvulitos. No es que se le haya perdido nada por allí, pero el calor y el aburrimiento han hecho que inscribirse en un curso de verano parezca una buena idea.

Lo primero ha sido encontrar el curso y la universidad adecuados. Hay que reconocer que la oferta es, ciertamente, amplia. También reconoceremos que los títulos de los cursos parecen sacados de una película de serie B. Así que tras muchas dudas se ha decidido por un curso sobre la importancia del albinismo en la reproducción del conejo de granja, tema que no le interesa en absoluto, pero se desarrolla en una ubicación entre montañas y un lago, que siempre es más agradable para pasar el verano.

Así que allá se trasladó en las fechas previstas y se instaló en una discreta pero cómoda residencia para estudiantes.

El primer día acudió, con espíritu abierto, a la clase. Esta se desarrollaba en un aula semicircular de añejo pasado y, como llego tarde, se sentó en la parte más alta, por donde se entraba. Desde allí pudo observar tranquilamente al personal asistente, toda vez que la cunicultura seguía sin interesarle nada.

Entre los asistentes la mayoría eran universitarios a la captura de créditos libres, funcionarios con permiso retribuido y algunos versos sueltos, que eran los únicos que planteaban algún interés. A la hora del café fue rotando por los diferentes grupos buscando no sabía muy bien qué.

Al final cayo en un pequeño grupo de chicas de la universidad que estaban junto a una treintañera de gran porte, que actuaba como fanal al que acudían las polillas.

La verdad es que a Andrea no le van las chicas, pero aquella tenía un que se yo que hacía que volviera la mirada hacia ella una y otra vez. No era precisamente una belleza canónica, tenía un rostro difícil y, tal vez, algo duro de facciones. Lo suavizaba con una melena morena, larga y cuidada. El cuerpo era de nadadora, pero de nadadora olímpica.

Ella también la miraba con interés, como evaluándola. Así que visto lo visto, cuando acabó la interesante lección magistral sobre los ojos rojos del conejo albino, salieron al campus y comenzaron a caminar juntas sin un objetivo muy definido.

Al cabo de un rato estaban junto a la puerta de la residencia estudiantil de Andrea. No sabe muy bien por qué, pero le dijo de subir a su cuarto y, la otra, Manuela, le dijo que sí.

Aquello tenía visos de ser una sesión de bollo-rollo, no era a lo que acostumbraba pero tampoco le iba a hacer asco a pasarlo bien un rato.

Comenzaron a besarse con fruición en el cuarto, y a quitarse la ropa. Por cierto que la lencería de Manuela era de una calidad extraordinaria, femenina, sensual y le quedaba como hecha a propósito.

La cosa iba por muy buen camino, estaban (suponemos que por el calor) ya sólo con la ropa interior (monísima) y muy, muy acarameladas cuando, de repente…

Ya decía Andrea que a ella las chicas no le gustaban. Pero claro, aquella le atraía sin remedio hasta que descubrió que su braguita escondía algo. Y algo grande, de hecho se hacía más grande por momentos.

– ¡Pero tú no eres una chica!- gritó Andrea al descubrir el asunto.
– Soy una mujer atrapada en un cuerpo de hombre – le justificó Manuela.

Andrea descubrió que, al menos aquella parte del cuerpo que atrapaba a Manuela, era de un tamaño, grosor y consistencia bastante considerables y, desde luego, consideró hacer algo con ello.

Entonces se echo sobre los hombros una camiseta y salió corriendo hasta la sexta planta del edificio de la residencia de estudiantes, pues estaba bien anunciado que allí los residentes disponían de una máquina de condones. Tras aprovisionarse bien de ellos volvió donde Manuela había quedado semidesnuda y boquiabierta por la reacción de Andrea.

– Seas lo que seas, la protección es importantísima- le comunicó Andrea a Manuela, dejando claro así que pretendía seguir pasándolo bien con ella.

Total que la cosa fue basculando entre unos femeninos besos y caricias, especialmente por unos senos bien, pero que muy bien, puestos y cuidados, con alguna escapada a tierras más bajas donde la cosa se ponía tan confusa como interesante.

Y cuando Manuela cogió a Andrea y la puso a cuatro patas, con la intención de penetrarla (había que aprovechar aquel error de la naturaleza) desde atrás, la cosa alcanzó temperaturas de fusión. Y fusión fue la que sufrió Andrea al sentir dentro aquel pedazo de instrumento a la vez que unos pechos turgentes, afilados, enhiestos se apoyaban en su espalda.

Desde luego el orgasmo no fue nada confuso y ambas estudiantes se desmayaron conjuntamente dejando de pensar en identidades de género.

La universidad es un lugar de sabiduría. La existencia de aquella máquina de condones en el lugar adecuado lo atestigua.

Moraleja: vayas donde vayas, ten a mano un preservativo.

One comment on “Andrea vuelve al cole”

  • Jalf 11 meses ago

    Jajaja, tremenda la sorpresa del rollo-bollo. Y es que el sexo es así, sorprendente.

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